
Desde la propia filosofía y la psicología general siempre se nos ha insistido en que la característica principal del ser humano respecto a otros animales es la existencia del self, el hecho de tener conciencia de su conciencia (es decir sabe que sabe, o que no sabe, pero lo sabe).
La otra característica esencial es su capacidad de crear, construir, generar otros mundos en este mundo, de generarse preguntas dónde buscaba respuestas, es decir: su creatividad.
La palabra creatividad proviene del verbo “creare”, que significa engendrar, producir, crear. Antiguamente le podríamos haber atribuido a la creatividad un componente enigmático, pues no se sabía muy bien si se trataba de un don que solo unos pocos poseían o era algo que se podía entrenar y estaba al alcance de todos. Este misterio fue resuelto por los antiguos griegos: unas divinidades femeninas encendían la chispa de la mente humana: las musas.
En otras épocas de la historia de la humanidad, por ejemplo en el romanticismo, es el sufrimiento y las pasiones el fuego que origina este movimiento creativo. El creativo sufre y este sufrimiento le permite expresar de forma poética (por ejemplo Hölderlin) llegando incluso a un estado de locura (Stephan Zweig puede aportar una mirada muy rica al respecto como describe en su obra: La lucha contra el demonio, Ed. El Acantilado).
La creatividad puede darse por la necesidad de un cambio, ya que lo existente no da resultados y se buscan otras formas y también por el placer de crear. En palabras de Francisco Peñarrubia, el terapeuta creativo es aquel «que se fundamenta en sus recursos expresivos y su intuición” (Peñarrubia, 2008, pag. 287).
Pero no siempre resulta sencillo adoptar una actitud creativa. Comprender el proceso creativo, librarnos de pensamientos que nos bloquean y dar rienda suelta a nuestra imaginación será básico para empezar a vislumbrar eso de incluir la creatividad en nuestra vida. Saber ver la creatividad como un elemento que nos acompaña en nuestra vida cotidiana.
Los autores de la psicología humanista como por ejemplo Maslow, hablan de una dimensión global de la personalidad donde ser creativo es una forma especial de estar en el mundo.
Algunos autores como Daniel Goleman y Paul Kaufman hablan de la anatomía del momento creativo, es decir, las etapas que constituyen el momento final de un proceso: el relámpago de la inspiración. Ese instante en el que solucionamos un problema con él que hemos estado luchando durante semanas. Más adelante detallaremos sobre esto.
El momento del insight, el deslumbramiento, el eureka, proviene de la capacidad de estar abierto a la experiencia, al cambio y como dice Francisco Peñarrubia, de la capacidad de vivir el vacío; el vacío creativo (la vía del vacío fértil). Claudio Naranjo antes de hablar del factor x, habla del factor creatividad, y él lo define como rendirse a algo más grande, es decir, apartar el ego lo suficiente para dejar que algo pase. Que incluso te sorprendas, y eso es creativo, porque un segundo antes no sabes qué es lo que va a pasar. En sus palabras: “Expresar lo inesperado, completar la expresión, hacer que la expresión sea directa”. (Naranjo, 2006)
Hablamos entonces de que ser creativo supone en la mayoría de las ocasiones, ser capaz de hacerse más preguntas, de ver la situación desde más puntos de vista diferentes, en cualquier caso ser capaz de generar más incógnitas que de dar una solución única a un problema concreto. La cuestión del propio cuestionamiento esta implícita en la concreción de lo creativo y de lo expresivo.
Creatividad y Cuerpo.
La creatividad no puede ir desligada del cuerpo porqué somos nuestro cuerpo y todo lo que vivimos lo sentimos en él. Nuestro cuerpo es un contenedor de experiencias. Cuando nos damos espacio para escucharlo, dejar que se exprese y empezamos a desarrollar los
sentidos menos utilizados, tomamos contacto con aspectos internos y de la vida a los que normalmente no solemos acceder. Esto suele traducirse en una revitalización del organismo y en un desarrollo de sus capacidades expresivas y creativas. Diferentes autores dentro de la gestalt señalan estas cuestiones remarcando que la Gestalt es una gestalt viva y de ésta vitalidad y revitalización del organismo nace la capacidad creadora.
Gabrielle Roth, en su obra Mapas para el Éxtasis, señala que “Exploramos la gama completa de los movimientos naturales del cuerpo, nos volvemos a conectar con nuestra energía animal innata y comenzamos a estar presentes en nuestros cuerpos”.
Esa energía animal es la que que nos empuja a ser creativos. De manera que lo que permite el trabajo corporal es abrir, abrirnos para poder generar otras posibilidades: posibilidades creativas. Comprender el cuerpo cómo creador, como espacio donde la vida y la creación en si dan lugar a la experiencia.
Y para que ello ocurra necesitaremos de nuestra capacidad de estar presente, de tener todos nuestros sentidos puestos ahí, de dirigir mi atención hacia una dirección concreta, dándome cuenta de lo que ocurre y me ocurre, entrenando el “darnos cuenta” propiamente gestáltico, que nos conecta con la vivencia emergente que más necesita ser explorada y expresada. Estar abierto a percibir lo que sucede en el momento presente, una habilidad para relacionarlo y vehiculizarlo hacia un objetivo beneficioso para la persona o el grupo.
Siendo así tenemos dos componentes que desde la gestalt siempre han señalado como necesarios: apertura y presencia.
Podríamos decir que el artista y el terapeuta tienen un denominador común: no niegan nada. Y no lo hacen porque cualquier estímulo proveniente del instante presente puede ser material de trabajo valioso. En la situación terapéutica, todo nos habla y observar, captar y aprovechar cualquier detalle es tarea artística y terapéutica a la vez.
Dice Stefan Zwueig, en “El misterio de la creación artística” respecto a la concepción de un artista como algo que procede del interior de la persona, como un proceso interior. Tiene lugar en el espacio aislado e impenetrable de su cerebro, de su cuerpo. La creación artística es un acto sobrenatural en una esfera espiritual que se sustrae a toda observación.
Para el autor de obras como “La lucha contra el demonio” , toda creación verdadera sólo acontece mientras el artista se halla hasta cierto grado fuera de sí mismo, cuando se olvida de sí mismo, cuando se encuentra en una situación de éxtasis… esta fuera de si mismo, esta en su obra. De alguna manera esta dentro y fuera y no esta en ninguno de estos dos lugares. Además señala la importancia de la participación activa en la creación pues para el autor ningún deleite artístico puede ser perfecto mientras sólo sea pasivo. Nunca comprenderemos una obra con sólo mirarla.
Dice Zwueig “Donde no preguntamos, nada aprendemos, y dónde no buscamos, no encontramos nada.”
Al mismo tiempo hay una escucha a esa intuición que proviene de una deconstrucción de lo que hasta ese momento creíamos la única verdad. Si no hay un proceso de deconstrucción de todos los preconceptos o introyectos (en Gestalt) no puedo estar abiertos a la maravilla de una energía más grande que yo mismo, y por lo tanto no seré capaz de experimentar algo más grande que mi propia experiencia como ser humano.
Esta deconstrucción es seguida de una reconstrucción concéntrica desde el ser al mundo, desde el yo (guiado por una línea superior al ser humano) a lo externo y a la creación en su triple formato: creación como proceso, como producto y cómo personalidad.
La creatividad, pues, es una actitud frente al mundo y frente a la vida, porque la creatividad forma parte de la vida. ¿Qué hacemos si no cada mañana al despertarnos y decidir empezar el día? ¿Qué ocurre cuando adoptamos un nuevo enfoque en lo que hacemos, y éste da resultado? Qué estamos usando nuestra creatividad. Vamos creando cada momento con todo lo que pensamos, sentimos, expresamos y decidimos hacer. De la misma forma el proceso creativo conlleva la suma de las partes, lo de dentro y lo de fuera, un puente entre ambos mundos donde solo la unión de luz y sombra puede hacer que pongamos equilibrio donde antes había una carencia.
Dice Tanizaki en su ensayo “El elogio sobre la sombra” sobre la belleza – y con ella la creatividad- es un proceso donde la sombra tiene su función. La belleza pierde su función si suprimimos los efectos de la sombra. Las sombras del alma son necesarias para que aparezca la luz. El proceso de sanación conlleva también el proceso de enfermedad. Si no hay problema no hay solución y encontrar la capacidad de poder sostener y vivir la oscuridad del alma, de la problemática del paciente y acompañarlo en esa vivencia es tan necesario como acompañarlo en su auto-descubrimiento de la solución, de su salud, de su luz. (Tanizaki. 1994. Siruela, pag 69).
«La creación espontánea surge de lo más profundo de nuestro ser. Lo que tenemos que expresar ya está con nosotros, es nosotros.»
Stephen Nachmanovitch.
«Los artistas que buscan perfección en todas las cosas son aquellos que no pueden alcanzarla en nada.»
Eugène Delacroix.
«Las personas necesitamos nuevas experiencias, Estas experiencias agitan algo en lo más profundo de nuestro ser que nos permite crecer. Sin cambios algo duerme en nuestro interior, algo que rara vez despierta. Hay que despertar al durmiente.»
Duque Leto Atreydes a su hijo Paul. F. Herbert. DUNE.
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Laboratorio de Creación Psicológica.
A través de diferentes técnicas facilitamos la toma de conciencia de tu propia creatividad, el desarrollo de una mirada diferente sobre uno mismo para conectar con el cuerpo y lo instintivo, lo natural de ti mismo.
La creatividad puede darse por la necesidad de un cambio, ya que lo existente no da resultados y se buscan otras formas y también por el placer de crear.




