Redes sociales, inteligencia artificial y la paradoja de vivir rodeados de presencias que no nos ven.
Nunca en la historia de la humanidad habíamos estado tan comunicados. Y sin embargo, nunca antes habíamos estado tan solos. Esta no es una observación poética ni una exageración generacional. Es, cada vez más, un diagnóstico con evidencia científica.
En noviembre de 2023, la Organización Mundial de la Salud declaró la soledad un problema de salud pública global y constituyó una comisión internacional para abordarlo. [1] Los datos de su informe inaugural, publicado en junio de 2025, son rotundos: una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad, y la cifra causa aproximadamente 871.000 muertes anuales — alrededor de 100 muertes por hora. [2]
El asesor médico general de Estados Unidos, el Dr. Vivek Murthy, fue aún más directo en su informe de 2023: el impacto de la soledad crónica en la mortalidad es equivalente al de fumar 15 cigarrillos al día, con un aumento del 29% en el riesgo cardiovascular y del 32% en el riesgo de ictus. [3]
Y ocurre en la era del like, del story, de la videollamada. Ocurre mientras publicamos fotos de nuestras vidas perfectas frente a personas que tampoco nos miran de verdad.
| 1 de 6
personas en el mundo experimenta soledad — OMS (2025) |
871.000
muertes anuales atribuibles al aislamiento social — OMS 2025 |
| 27%
de la Generación Z en EEUU se siente sola a diario — vs. 17% de boomers |
×2
más probabilidad de sentirse solo entre los usuarios más activos en redes sociales |
La ilusión del vínculo digital
Las redes sociales prometieron conexión. Y en cierto modo la han entregado: podemos saber en tiempo real qué está comiendo alguien en Tokio o qué libro está leyendo un amigo de la infancia en Buenos Aires. La proximidad informativa nunca fue mayor.
Pero la conexión emocional es otra cosa. Los seres humanos necesitamos ser vistos, no visualizados. Necesitamos presencia, reciprocidad, el pequeño riesgo de la conversación real. Lo que las plataformas ofrecen es, en cambio, un simulacro pulido: interacciones sin fricción, relaciones sin vulnerabilidad, audiencias sin intimidad.
«En esta era en que las posibilidades de conectar son infinitas, cada vez más personas se encuentran aisladas y solas.»
— Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, 2025
El filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han lo describe con precisión en su obra La sociedad de la transparencia: vivimos en un régimen donde todo se expone, pero nada se revela. La diferencia es fundamental. Exponer es mostrar la superficie. Revelar es confiar el interior. Las redes están diseñadas, en su arquitectura más íntima, para lo primero. No es un accidente. Es el negocio.
Los datos lo corroboran: solo el 13% de los adultos estadounidenses tiene diez o más amigos cercanos en 2024, frente al 33% en 1990. El número de personas sin ningún amigo íntimo se cuadruplicó del 3% al 12% entre 1990 y 2021. [4]
La dopamina como trampa
Hay algo que las redes sociales sí generan con maestría: la sensación momentánea de no estar solo. Un comentario, una respuesta, un corazón rojo bajo tu foto. El cerebro libera dopamina. Y esa dopamina silencia la soledad durante unos segundos.
El problema es que funciona exactamente como cualquier otra sustancia adictiva: necesitas dosis crecientes para el mismo efecto, y en los intervalos entre dosis, el vacío se profundiza. Un estudio de la Universidad Estatal de Oregón publicado en 2025 encontró que quienes se situaban en el cuartil superior de uso de redes sociales tenían más del doble de probabilidades de experimentar soledad que quienes hacían un uso más moderado, independientemente de su edad, género o situación socioeconómica. [5]
Lo que produce dependencia no es la conexión, sino su simulacro. La investigación publicada en Frontiers in Psychology añade una distinción crucial: el uso pasivo de redes sociales —el scrolling sin participación— se asocia consistentemente con mayor soledad, mientras que el uso activo orientado a mantener vínculos reales puede tener el efecto contrario. [6] Los algoritmos, sin embargo, están diseñados para maximizar el primero.
Una respuesta política insuficiente
Algunos países llevan años abordando la soledad como emergencia de Estado. El Reino Unido creó en 2018 el primer Ministerio de la Soledad del mundo, integrando la lucha contra el aislamiento en la estrategia nacional de salud pública. Japón hizo lo propio en 2021, nombrando un Ministro de Soledad y Aislamiento tras el aumento de suicidios registrado durante la pandemia.
La Comisión de la OMS sobre Conexión Social, constituida en noviembre de 2023 y copresidida por el propio Dr. Murthy, tiene mandato hasta 2026 e identifica cinco áreas prioritarias de acción global: políticas públicas, investigación, intervenciones comunitarias, medición del problema y comunicación. [1] A la fecha de publicación de este artículo, solo ocho Estados miembros de la OMS cuentan con políticas formales sobre conexión social.
En España, el debate apenas comienza. Los datos del análisis publicado en el Internal Medicine Journal sitúan a nuestro país dentro de las tendencias europeas: la soledad severa afecta de forma creciente a jóvenes de entre 16 y 29 años, un grupo que las políticas públicas han ignorado históricamente al asociar el problema casi exclusivamente con la tercera edad. [12]
Diseñar para la conexión real
La epidemia de soledad no se resolverá con más tecnología. Tampoco se resolverá ignorando la tecnología. Se resolverá cuando empecemos a diseñar herramientas digitales —y políticas públicas, y espacios urbanos, y culturas laborales— a partir de lo que los seres humanos realmente necesitan para florecer, y no a partir de lo que maximiza el tiempo de pantalla o el retorno publicitario.
Lo que está en juego no es pequeño. La soledad crónica deteriora el sistema inmunológico, acelera el envejecimiento celular, eleva el cortisol basal y compromete la función cognitiva a largo plazo. Es un factor de riesgo para la longevidad tan documentado como el sedentarismo o la obesidad. Y es, también, un síntoma de sociedades que han confundido velocidad con progreso, visibilidad con presencia, y seguidor con amigo.
Necesitamos ser vistos. No visualizados. Reconocerlo es el primer paso. El segundo es más difícil: decidir qué clase de presencia queremos ser los unos para los otros. Con o sin pantalla.
La inteligencia artificial entra en escena
Y entonces aparece la inteligencia artificial conversacional. Y la pregunta se vuelve incómoda, necesaria e inevitable: ¿puede una IA acompañar la soledad sin agravar el problema?
Los números son reveladores. En 2024, Replika la aplicación de compañero de IA más conocida contaba con más de 30 millones de usuarios registrados. [7] Character.AI, orientada a interactuar con personajes ficticios, superaba los 20 millones, con usuarios que invertían una media de 93 minutos al día en la plataforma. [8] Algunas estimaciones sitúan el total de usuarios de aplicaciones de IA compañera en más de mil millones si se incluyen plataformas como Xiaoice en China.
Un estudio de Stanford publicado en npj Mental Health Research analizó a más de mil usuarios de Replika y encontró que el 90% presentaba niveles de soledad superiores a la media, aunque muchos describían sentir apoyo emocional a través de la aplicación. Tres de cada cuatro la usaban como amigo o confidente. [9]
El Instituto Brookings, en un análisis de octubre de 2025, lo resumió de forma perturbadora: estamos creando vínculos con máquinas porque el vínculo humano ha fallado primero. La pregunta que surge no es si la IA puede sustituir la conexión humana, sino qué nos dice el hecho de que millones de personas prefieran intentarlo. [10]
El riesgo del consuelo artificial
El potencial de la IA conversacional como herramienta de acompañamiento es real. Pero el riesgo opuesto es igualmente real. Una IA diseñada para satisfacer para validar, para estar siempre disponible, para nunca decepcionar puede convertirse en la versión más sofisticada del problema que pretende resolver.
Si las redes sociales ofrecían conexión sin vulnerabilidad, la IA compañera puede ofrecer relación sin alteridad. Y la alteridad; la presencia real de otro ser con sus contradicciones y su opacidad es precisamente lo que nos hace crecer. El psicólogo y pediatra Donald Winnicott hablaba de la importancia de la frustración óptima en el desarrollo emocional: necesitamos que el otro falle ocasionalmente, que no esté siempre disponible, que nos contrarie. Es en esa fricción donde construimos la capacidad de relacionarnos.
«Los compañeros de IA pueden ser la tecnología más peligrosa que los humanos hemos creado jamás, con el potencial de destruir la civilización humana si no se hace bien.»
— Eugenia Kuyda, fundadora de Replika, TED Talk 2024
Las señales de alarma ya son concretas. En enero de 2025, organizaciones como Encode y Young People’s Alliance presentaron una denuncia ante la Comisión Federal de Comercio de EEUU contra Replika, alegando que la plataforma fomenta la dependencia emocional y el desplazamiento de las relaciones humanas reales. [11] El MIT Media Lab tiene en marcha un proyecto de investigación específico para evaluar el impacto de estas aplicaciones en la socialización y la salud mental a largo plazo.
FUENTES Y REFERENCIAS
[1] OMS — Comisión sobre Conexión Social (2023–2026). who.int/groups/commission-on-social-connection
[2] WHO Commission. From loneliness to social connection: flagship report (junio 2025). who.int — Report 2025
[3] U.S. Surgeon General Advisory. Our Epidemic of Loneliness and Isolation (mayo 2023). hhs.gov — Advisory PDF
[4] Brookings Institution. What happens when AI chatbots replace real human connection (oct. 2025). brookings.edu
[5] Gorman, J. et al. Time and Frequency of Social Media Use and Loneliness Among U.S. Adults. Oregon State University (2025). oregonstate.edu
[6] Mao, J., Fu, G. & Huang, J. The double-edged sword effects of active social media use on loneliness. Frontiers in Psychology (2023). frontiersin.org
[7] Kuyda, E. Declaración fundadora de Replika (2024). Citada en Deseret News, feb. 2025. deseret.com
[8] MIT Media Lab. Understanding impacts of companion chatbots on loneliness and socialization. media.mit.edu
[9] Maples, B. et al. Loneliness and suicide mitigation for students using GPT3-enabled chatbots. npj Mental Health Research (2024). nature.com
[10] Brookings Institution. What happens when AI chatbots replace real human connection (oct. 2025). brookings.edu
[11] TIME Magazine. AI Companion App Replika Faces FTC Complaint (ene. 2025). time.com
[12] Ng, I.K.S. The ‘loneliness’ epidemic: a new social determinant of health? Internal Medicine Journal, 54: 365–367 (2024). NIH / PMC
La soledad del siglo conectado





