
Desde la pandemia COVID’19 todos hemos pasado por momentos realmente difíciles.
Veíamos noticias de muertes y depresiones que llevaban al suicidio y pensamos “que pena” ¿Cómo puede la gente llegar a eso?
Lamentablemente a nuestra familia le toco de cerca. Claudia decidió marcharse de este mundo en el año 2020. No teníamos ninguna señal que lo indicase, ella estudiaba
en Inglaterra y hablábamos varias veces a la semana… y sin embargo nunca imaginamos que algo así podría suceder. Su padre desde entonces lucha cada día por encontrar un sentido a seguir vivo y yo intento ser el apoyo ante tanto vacío. Pero incluso como profesional y como persona hay días en los que no hay fuerzas.
Aprender a acompañar un duelo complicado, donde no hay fecha de finalización del duelo ni un manual del “paso a paso” que asegure como volver a la cotidianeidad, me ha enseñado en mi propia piel que es imposible volver a ninguna cotidianeidad, porque lo que era cotidiano para nosotros ya nunca volverá. Hemos de aprender a vivir con el dolor, con el vacío y honrar los valores que ella representaba.
Aprender a respetar su decisión no es fácil. Nunca lo es. Y aprender que el derecho al dolor no caduca tampoco es fácil. Nos ha cambiado la vida, la forma en la que miramos las relaciones, el trabajo, el mundo, los intereses… y adaptarnos a esta nueva forma de ver y sentir el mundo nos llevara toda la vida.
A pesar de esto, Claudia nos ha regalado algunos aprendizajes que por más cursos que haya hecho sobre el acompañamiento en el trauma de un duelo complejo, intentos de suicidio y otras situaciones extremas… nunca habría imaginado que vivirlo me hiciera entenderlo tan claramente.
El dolor es inevitable, el sufrimiento es voluntario. Llorar y llorar durante meses sin saber cuándo voy a parar de llorar … entregarme a ese llanto, a veces ya sin esperanza de que se calme… aceptar que un anuncio de televisión, el color del pelo de una chica por la calle… puede desencadenar como un rayo, todo el dolor sin que nos demos cuenta… y seguir valorando la vida y a la vez respetar el derecho de quien valora no querer estar en este mundo. Nunca es fácil. Siempre es complicado.
La cuestión no es buscar un entendimiento… la cuestión es mantener la entereza mientras se acompaña y se vive.




