La mirada que realizo sobre la agresividad se centra en la reapropiación de la carga de la agresividad en cada uno de nosotros. Sostengo que la energía agresiva, o tomar contacto con la agresividad es un ejercicio de vitalidad, de reapropiación de las cargas vitales y de crecimiento. Conectar con la energía agresiva, energía de vida y de ir hacia adelante que ya nos viene de base y que a medida que vamos creciendo la vamos castrando.
Ponernos en contacto con esta energía, esta actitud nos devuelve la responsabilidad y la conciencia de nosotros mismos así como de aspectos inacabados o no resueltos de nosotros mismos (qué obstáculos ponemos para no sentirla, cómo nos evadimos de ella, el miedo, etc…)
Al rechazar o al fomentar en exceso estas actitudes lo que hacemos es en cierta forma silenciar la propia vida, los propios aspectos de conflicto que por otro lado constituyen la base de la experiencia vital misma.
Las vivencias de cada uno a lo largo de nuestra vida pueden haber distorsionado la percepción que tenemos de la energía agresiva llevándonos a confundir agresividad y violencia. Separarlas y diferenciarlas puede ser crucial para poder empoderarnos de nuestra fuerza vital sin caer en una conducta violenta que suele estar juzgada por nosotros mismos y por la sociedad en general. Rechazar nuestra capacidad agresiva y el derecho de ser nosotros mismos puede llevarnos a la depresión y ansiedad.